El Rocío: más de 2000 años de magia marismeña

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Si cierto es que la ciudad-estado de Tartessos  -800 años a.c.- se localiza en las Marismas del Guadalquivir, no lo son menos las investigaciones que sobre su cultura y organización socio-política nos acercan a sus creencias religiosas, basadas en las generosidades de la madre Naturaleza y de ellas, y su influencia púnica, a las celebraciones de agradecimiento por las cosechas conseguidas y la fertilidad de la tierra y los seres vivos. Festejos que en esa época celebraban todos los pueblos conocidos del Mediterráneo, en las mismas fechas y con las mismas advocaciones.

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 Astarté. Museo de Cádiz

A través de las relaciones comerciales de tartessos con los fenicios de Tiro y Sidón, las creencias religiosas mesopotámicas, cuya principal deidad era Ishtar, fueron introducidas al fundar la colonia de Gades (1100 a.c.). Sería en esta ciudad donde se supone que se erigió uno de los más importantes templos a la diosa Astarté, asimilación de Ishtar, tomando el nombre de Ashtart, extendiéndose su culto por todo el territorio tartésico, aunque algunos historiadores lo sitúan en las marismas de Huelva, siendo lugar de encuentro en manifestación de fervor en las ancestrales ceremonias de agradecimiento por la renovación de la vida en primavera.

Astarté representaba el culto a la madre tierra, el amor y la fertilidad, progenitora de todos los seres vivos por atribuírsele su influencia en la germinación de la simiente, en la preñez de los animales y las personas, convirtiéndose en la diosa del cielo. Hasta finales de la Antigüedad la paloma blanca (o blanca paloma) fue el símbolo tanto de la Astarté asiática, traída a Tartessos, como de la Afrodita griega; también la serpiente, símbolo de los abismos y por su piel mudable, también de la resurrección, acompañó asimismo a las diosas de la tierra hasta la desaparición de las religiones paganas.

Astarté proviene directamente de la Luz; su nombre deriva de Aster, estrella de la mañana entre los fenicios. Entre los sumerios era conocida como Innana, versión de la diosa asiro-babilónica Ishtar "Diosa de la mañana y del atardecer", a la vez que Diosa del amor y de la sexualidad. Astarté, del latín estella, estrella.

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  La paloma blanca asiática, griega y tartésica... y su blanca luz
  Primer grabado alegórico
  Incorporación de estrellas y luz

Aunque se la considera virgen, en la mitología aparece asociada a Tammuz, dios de la cosecha, cuya muerte llora. Ishtar se conduce como una madre tierna con los que ama. Diosa también de carácter astral, ya que personifica a varios astros: a Venus, al Sol, y sobre todo a la Luna y a las estrellas reunidas en constelaciones. De ahí deriva la palabra estelar: todo el firmamento lleno de estrellas, proveniente de su nombre Ishtar, asociada al planeta Venus como estrella de la mañana que en las fronteras de Babilonia se la representa mediante una estrella de ocho puntas.

Astarté, como Ishtar, era la Diosa de la Luna y del planeta Venus, el lucero de la mañana, era llamada por los profetas judíos "Reina de los Cielos" (Meleket-has-Samaïm), esposa del Sol, o el "Rey de los Cielos" (Baal-Samaïm), es decir, la verdadera soberana del mundo, la Diosa-Naturaleza, máxima hacedora de la vida que, en compañía del Sol, todopoderosa energía y calor que hacía crecer la vida, conformaban la creencia en el origen y desarrollo de todo.

En el Mediterráneo se erigieron templos en honor de Astarté y en ellos se representa a la Diosa de diversas formas: en Cerdeña la encontramos con la forma de una mujer, con la cabeza cubierta a la usanza egipcia, con una túnica larga, sosteniendo con las dos manos el disco lunar o estrella/lucero predilecto como símbolo de su reinado. Se sabe que en El Carambolo de Sevilla también hubo un templo para su advocación. Tanto en el Museo Arqueológico de Sevilla, Plaza de América, como en el de Cádiz, Plaza Mina, están expuestas varias versiones de la Astarté de Tartessos. 

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 Primera ermita erigida en el lugar de la aparición

Desde su reinado por toda la zona tartésica, o actuales marismas de Doñana,  donde se asegura haber descubierto restos arqueológicos de esa época y pertenecientes al templo erigido para su adoración, ha sido lugar de peregrinación y precursor de romerías más recientes, alguna de las cuales, como el Rocío, perviven con enorme fuerza.

Si se pudiera hacer un estudio más profundo y pudiésemos bucear por su historia y orígenes, nos llevaríamos la sorpresa, agradable para unos y frustrante para otros, de que desde una visión sociológica es un acontecimiento reproducido desde las ancestrales culturas mediterráneas, con los elementos característicos asociados a la fiesta de la primavera y sus generosidades, repetidos desde hace milenios y que superan cronológicamente la aparición del cristianismo.

¿Leyenda?, ¿herencia?, ¿raíces profundas y conservadas?, la milenaria advocación tiene de todo y en todo parte de verdad, si no cómo se explican las coincidencias:

Cuando Cartago destruye Tartessos, la población huye hacia los campos y esconde sus pertenencias, joyas e ídolos en cuevas y huecos de árboles. No sería el descubrimiento marismeño la primera vez de apariciones de imágenes escondidas en troncos de árboles. En Tartessos abundaba la plata, se sabe de su abundancia por los relatos griegos de que hasta los bebederos del ganado de Gerión eran del preciado metal, no es de extrañar que toda posesión de adornos, utensilios domésticos y figuras fueran de plata, por lo que tampoco es innegable que cualquier descubrimiento fuese asociado al metal objeto de tanta codicia cartaginesa.

"La memoria popular ha rescatado del olvido y ha transmitido de generación en generación el acontecimiento…  A grandes rasgos, se relata que a principios del siglo XV, Gregorio Medina, un cazador de Mures (actualmente Villamanrique de la Condesa), encontrándose junto con sus compañeros de cacería, le tocó en suerte dirigirse a la zona de Las Rocinas, lugar muy frecuentado por los cazadores, y allí en la chueca o hueco del tronco de un árbol centenario halló la imagen de casi una vara de alto (unos 80 centímetros aprox.) hollada por las inclemencias del tiempo”.

"En el siglo XV un cazador de Villamanrique, población en el borde de la Marisma del Guadalquivir, encuentra, atraído por los ladridos de los perros, una imagen en el hueco de un viejo árbol, al parecer un acebuche, que al principio confunde con una muñeca; se dice que era un simulacro de la Virgen del Rocío escondida desde la época de los moros. Dio cuenta a Almonte, por ser el pueblo más cercano, pero también lo conocieron los de Villamanrique que manifestaron su deseo de llevársela. Sometieron ambos pueblos sus pretensiones al juicio de dos yuntas de bueyes que uncidos a una carreta no pudieron avanzar en direcciones opuestas. El hecho fue interpretado como el deseo de la Virgen de permanecer en el lugar mismo donde fue hallada y allí se le levantó una ermita”  (Hermandad de Almonte).

“Esta versión forma parte de la tradición oral que comparten los pueblos de la comarca, salvo Almonte, que en sus Reglas (1758) establece que un cazador, sin decir de dónde, encuentra el simulacro La leyenda responde  a un modelo generalizado y que en este caso presenta dos variantes fruto de los intereses contrapuestos de Almonte, que reclama la exclusividad del símbolo y los demás pueblos, especialmente Villamanrique" (RODRÍGUEZ BECERRA, Salvador (1989): “La Romería del Rocío, fiesta de Andalucía”, El Folklore Andaluz, nº 3, Fundación Machado, Sevilla, p. 148).

virgen_rocio.jpgLa simbología de la plata o metal femenino, abundante en toda la orfebrería y exorno de vírgenes, es color de la palidez lunar. Que la figura esté adornada con estrellas es lógico por cuanto reina en la noche. Que pueda sostener entre sus manos a la estrella favorita o lucero de la mañana tampoco es arriesgado asociarlo. Y que la versión cristiana de la conversión de la serpiente, traducida en la media luna que luce a sus pies, también se asocia, por cuanto  el cuarto menguante, rematado por las estrellas y que sólo es posible verla por encima de la Aurora o Alba, es tiempo de aparición de Venus o lucero del Alba que da paso al poderoso Sol. Después de esta fase comienza otro nuevo ciclo del calendario que mide la fecundidad.

Como referentes de la ancestral advocación tenemos las romería de la Virgen de Luna en Pozoblanco y Villanueva de Córdoba;  las advocaciones de Nª Sra de la Luz en Tarifa (Cádiz), Nª Sra. del Sol de Adamuz (Córdoba), de Málaga o del barrio de El Plantinar de Sevilla y otras  iconografías de diversos pueblos andaluces. Luna, Sol, ráfagas de su Luz, estrella de cocho puntas, rostrillo lunar del plenilunio en puntual momento de fertilidad, fiesta, agradecimiento, rezo en cante, petición colectiva... 

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 Romería de la Virgen Luna con la estrella de ocho puntas incluido en el escudo
 Virgen del Sol (Sevilla) "Pulcra Luna electa por el Sol" 
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Por otro lado está el término rocío. De esta significación es ejemplo el vaticinio de Isaías. En el lenguaje bíblico el rocío es símbolo de las bendiciones del cielo. También es representativo de la acción creadora y vivificante del Espíritu Santo, representado por una paloma blanca. Los vientos del Mijan, procedentes del mar, en la seca Palestina traen siempre la nube, la lluvia o el rocío refrescante o fecundador que carga la noche de humedad produciendo una mansa y fina lluvia. La valoración del rocío como símbolo de bendición y fecundidad siguió una línea evolutiva, desde la simple fecundidad física de la tierra hasta alcanzar el más alto sentido sobrenatural y espiritual.

Sea como fuere, y por mucha verdad que se contenga en la leyenda, la realidad es bien distinta. No es necesaria la medición del tiempo por muy lejano que se nos presente. El pueblo andaluz conserva en sus genes una herencia que ha resistido las muchas culturas que aquí se asentaron, ha tomado cuando ha convenido lo conveniente de cada una, pero sigue acudiendo a ese lugar mágico para cumplir con el ritual de su condición de pueblo agradecido a la madre que le dio la vida y vestíbulo del calor del nuevo sol que la hace crecer, celebrando la llegada de un tiempo  renovado por nuevas e intensas luces.

Probablemente el suceso y sus consecuencias se nos escapen de la comprensión científica, incluso puede que quede corta la teoría sociológica y/o la antropológica, porque no deja más espacio que el disponible en la fe que cada uno disponga para intentar explicarse el por qué la Marisma tiene ese imán que atrae a tantos millones de personas, incluso no creyentes dispuestos a confiar en lo que no ven pero sienten.

Cuando una manifestación popular pervive a través de los siglos se convierte en una realidad trascendente. Y es que lo importante en el sentimiento religioso es el culto al misterio, a la realidad que no se percibe con los sentidos pero se manifiesta intensamente en el corazón. Esto es algo que cada año se convierte en una cita obligada de quienes se acercan a las Marismas con un mínimo de inocencia y apertura espiritual; algo patente y fácilmente realizable: basta con hacer la peregrinación o camino hacia las Rocinas sin prejuicios mentales y dejarse llevar por las sensaciones que se van experimentando, día a día, hora a hora, momento a momento… aromas inconfundibles, luces inexplicables y armonías de sonidos y silencios elocuentes entre personas en estado de ilusión.

El Rocío, la Marisma, siglos y milenios que certifican un origen lejano en el tiempo, a veces inexplicable pero justificable, arenas y humedales en coordenadas de encuentro de continentes y creencias coincidentes. Es Andalucía en su estado más puro de expresión, duende, magia, culto al misterio, estados de ilusión y eterna interrogación. 

Escucha la mejor versión de la Salve Rociera, interpretada por Gente de Gines: