La suspensión del Dr. Candel es la muerte de la libertad

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PobreEl mejor 

Jesus-Candel-SpirimanAntonio-Barreda-2Fue en España donde los hombres aprendieron que uno puede tener razón y ser derrotado, que la fuerza puede destruir el alma, y que a veces el coraje no obtiene recompensa”. Ese retrato de Albert Camus de la España íntima donde el verano se hace eterno y donde la razón está herida de muerte es la España profunda y negra que aflora en Andalucía estos días, y eso mismo es lo que viene ocurriendo en Andalucía desde hace ya 40 largos años. La ausencia absoluta de valores, y la persecución sin tregua de la libertad, de la crítica y de la palabra en libertad. El régimen y sus acólitos se encargan de herir la democracia en lo más profundo de sus órganos. Nada fluye en Andalucía sin que esté controlado. Milán Kundera definió que “el ansia de orden pretende convertir el mundo de los hombres en el reino de lo inorgánico, en el que todo marcha, funciona, sometido a un orden suprapersonal. El ansia de orden es al mismo tiempo ansia de muerte, porque la vida es una permanente alteración del orden”. En Andalucía ya no quedan sueños, lo inorgánico ha empezado a posarse sobre todas las instituciones, a escribir con sangre de otros en los altos muros donde encierran la protesta y la crítica. Ya no hay calles por donde ande medio desnuda la libertad. La censura es ahora la madre de todas las palabras muertas. Ya no hay sueños metálicos, y hoy soy aquí y ahora como Martin Luther King. “Tengo un sueño, un solo sueño, seguir soñando. Soñar con la libertad, soñar con la justicia, soñar con la igualdad y ojala ya no tuviera necesidad de soñarlas”. El viejo trono usurpado está ahora tras los muros San Telmo. Desde allí lastima con saña mortal en lo más profundo al Parlamento, hurgando en la profunda herida por la que se desangra el espíritu de Blas Infante. Debemos levantarnos, tomar esa frase eterna de nuestro propio himno como pueblo y tomar conciencia de que la democracia empieza a estar muerta en Andalucía. La ausencia de libertades y de expresión inunda las calles y las plazas, inunda los pueblos y las ciudades, inunda los campos y las vidas de los andaluces. Ya no hay esperanza. No hay fe, ni rezos a ese antiquísimo dios tribal que habitaba en las entrañas de mi pueblo.       ENLAZAR CON ARTÍCULO COMPLETO DE ANTONO BARREDA DESDE EL DEMÓCRATA LIBERAL