No, no corren buenos tiempos para tal declaración, mucho menos si La que se declara aficionada a los toros es, además, vegetariana. Pero, y por favor discúlpenme, me gustan los toros.
Me gusta recorrer Andalucía y disfrutar de una de sus más hermosas estampas paisajísticas: la dehesa. Reivindicada como modelo de desarrollo sostenible al constituir un sistema de aprovechamiento agrícola, silvícola y ganadero en armonía con la conservación del medio natural, la dehesa ocupa aproximadamente el 10% del territorio andaluz. Encinas, alcornoques, quejigos, acebuches…jaras, retamas,…ciervos, jabalíes, perdices y, por supuesto, toros…
Me gusta el trapío y la bravura de este milenario animal tan nuestro, fruto de la intervención del hombre y de su selección genética a lo largo de los siglos. ¿Sabían que los toros que se lidian en la actualidad proceden de sólo seis vacadas o castas fundacionales que datan del siglo XVIII y están íntimamente relacionadas con los grandes ríos de la península? ¿Y que en la cuenca del Guadalquivir, “río grande” entre los grandes, y más concretamente en Utrera, se ubican tres de estas castas fundacionales: Cabrera, Vázquez y Vistahermosa?
Me gusta la jerga taurina. Los tipos de toros según su pinta (“ensabanao”, “mosqueao”, “bragao”, “zaino”, “ Ojito perdiz” “capirote”, “azabache”…), su estructura (“cariavacao”, “meleno”, “carfosco” “lucero”…) o sus maneras (“avisao”, “bravucón”, “marrajo”, “encelao”...). Los lances de capa (farol, gaonera, tafallera, verónica, revolera,…) y los pases de muleta (manoletinas, molinetes, trincherillas, chicuelitas, al natural o “la de la verdad”, los ayudaos, …).
Me gusta el ritual asociado a la corrida de toros: el despeje de los alguacilillos, el paseíllo, las mantillas y las peinetas, los clarines y los timbales…el silencio contenido, el óle incontrolado que desprenden incomprensiblemente los adentros.
Me gusta la entereza y gallardía de hombres valientes, grandes artistas: Belmonte, Manolete, Ordóñez, Curro, Paquirri, Morante, Ojeda,… muy lejos del gladiador y más cerca de la composición estética, construyendo arte ante lo inevitable. Es una actitud andaluza que vence a la muerte desde el arte, tanto en el resoplío de quien sabe que va a morir, como ante el cristo asesinado pero bien tallado… total muleta y gubia en complicidad. Es Andalucía, o al menos, tal como están las cosas, gran parte de Ella.
Me gustan los compases de Nerva, Dauder, La Entrada, Francisco Alegre, Gallito, El Gato Montés, Marcial, Paquito el Chocolatero, La Giralda, Avelino, Agüero,… cada uno al tono de la faena, acompasando la intensidad o dulzura puesta al servicio de las formas y premiando lo que ha sido capaz de transmitir el momento.
Me gusta el albero, las Maestranzas de Ronda, Granada, Sevilla, la Malagueta y la Plaza de los Califas.
Me gusta blandir un pañuelo blanco y que se abra la Puerta del Príncipe.
Me gusta rememorar lo que en el Café de Chinitas dijo Paquiro a su hermano, o las sentencias de Guerrita o la intelectualidad de Belmonte, llorar con Lorca por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, disfrutar de una Corrida de Toros con Alberti o Hemingway.
Me gusta renegar de la brutalidad y oscuridad del toro picassiano del Guernica.
¿Podemos prescindir de este bagaje ecológico, léxico, social cultural y artístico?
Discúlpenme, me gustan los toros.
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