¡Arriba las manos, estamos es Navidad!

Sin la publicidad, sin la complicidad de los gobernantes, sin la complacencia de los mandos clericales… el cometido mercantil de los festejos navideños naufragaría. Los estrategas comerciales han secuestrado el “espíritu de la Navidad". Antes, durante y después del que se dio a conocer como día del aniversario natalicio de Jesucristo, una vorágine mercantil se apodera del mundo y lo inunda con mal gusto, juguetería basura y coplillas, a modo de villancicos repetidos hasta la saciedad y cursis hasta el empalago al servicio de un episodio de expansión comercial cuya penetración ha rebasado los límites de nuestra capacidad.
El trineo de la mercancía navideña llega tirado por las jaurías de la comunicación a ritmo del "mira como beben los peces en el río..." o "las muñecas de Famosa...", mientras el tradicional nacimiento o belén, auténtico icono de las fiestas es sustituido por un Papá Noel impuesto por la Europa que nos arruina.
Se trata de un ultraje navideño con juguetes, arbolitos importados, esferas, luces, excesos de todo tipo, en muchos casos convertidos en botellón y falsa alegría y deseos de felicidad a quienes el resto del año se les olvida e ignora. La "industria consumista" cumple su tarea ideológica, camuflada de cristiana, entrañable e inofensiva, cada día más de manos del desagradable Santa, hortera y snob forma de llamarle a un San Nicolás impuesto desde los fríos del norte que a quien únicamente satisface es a los niños que reciben doble regalo –compartido por los Reyes Magos– y a la excusa de poder jugar en vacaciones.
Habitamos en un reino terrenal dotado de un sistema avasallante de mensajes publicitarios en favor de objetos, muchas veces innecesarios y en plena crisis de indigencia. La publicidad, cumpliendo con su clientela, juega con nuestros sueños, planifica estrategias de ventas con bases materiales concretas y complejas, se hace de nuestras palabras y penetra en nuestros campos imaginarios, en nuestros deseos, en nuestros apetitos, en nuestras ambiciones… alienación que desgarra toda relación con la vida real para garantizar la usurpación del salario a cambio de baratijas de ocasión. Noche de paz mientras el mundo no está dispuesto a estar en paz, y va para largo, y noche de amor en un desamor generalizado que se incorpora a la familia tradicional, que es atendida en la UVI de los comedores sociales, en las largas colas del paro o en los miles de hogares rotos con hijos que huyen de los padres, de padres que huyen de los hijos y mayores abandonados en los almacenes de la ancianidad, que llaman residencias.
La Navidad es una fiesta cristiana y celebrar la Navidad es la simbolización del nacimiento de Cristo que, según su traducción, trae la luz a los hombres y por ello su ubicación en el Solsticio de invierno. Una luz siempre pendiente de descubrir y nunca compartida con la humanidad. ¿Es esto lo que celebra en la actualidad? Evidentemente no, luego...¿debe seguir llamándose Navidad a un corto periodo de tiempo, en el que de forma frenética y obligada las gentes se lanzan a las calles a cumplir con la obligación de gastar?.
La Navidad tiene un sentido religioso bien definido, pero la perversión y extorsión publicitaria de la actual, que ya no es Navidad, es un sinsentido, sobre todo cuando el único recurso del pregonado y decretado amor, se resuelve con el recurso de la caridad y exhibición de buenas acciones para indigentes que, al igual que los pudientes cuentan con los mismos 365 días del año. Hacer regalos en un cumpleaños o en el aniversario de algún evento importante, tiene sentido como celebración del propio hecho acaecido, regalar un objeto a una persona amada, por amor a ella, tiene un sentido en el deseo de manifestar de forma externa una emoción amorosa. Toda motivación tiene siempre una razón que la justifica, pero no ocurre lo mismo en estas fechas.
Se regalan cosas porque estamos siendo empujados a ello, frenética y compulsivamente, y no es que regalar cosas esté mal, el problema es que lo hacemos por una obligación social y sin saber qué estamos celebrando, pues no nos engañemos, el nacimiento de Cristo es celebrado por los cristianos, no requiere gastar ni un solo euro y por respeto a toda creencia, no convertirlo en objeto de vanidades y falsas alegrías en un pueblo que sufre de tristezas aparcadas por estos días, como se abandona al abuelo en una gasolinera o se ignora a quien discrepa sin importar la deuda moral.
No cuestiono la celebración de la Navidad como momento de encuentro, lo que dudo mucho es en ese mensaje, convertido en decreto colectivo y aborregado, que nos “borra” de la cola del paro o del comedor de caridad y traslada a las de los grandes almacenes para acallar nuestras conciencias con un regalo con lazo de brillo. Y es que esta sociedad hay que convertirla en HUMANIDAD.
Estamos ante un asalto ideológico penetrante que nos exige autodefensas para ayudarnos a desconfiar de un oropel con la complicidad de todos los medios de comunicación, ocupado por las mil colonias, juguetes peligrosos a precios de chinos, juegos desde el sofá que aumenta la escalofriante obesidad e inactividad de tantos menores enganchados a las consolas o adultos y ya mayorcitos haciendo el gilipollas ante una pantalla que obedece sus bailes o puñetazos. Debemos desnudar las trampas del mensaje, aunque lo tengamos metido en casa y rechazar la propuesta de hacernos compradores compulsivos de cualquier basura y combatirlos con los bolsillos del salario perfectamente cerrados.
La Navidad es un pretexto más donde las paradojas de agudizan porque la hipocresía es infinita, celebran el nacimiento de Cristo mintiendo y robando a diestra y siniestra. Hay que recordar aquello de la aguja y el camello y aquello de los mercaderes en el templo. Porque el amor y la felicidad que provoca cuenta con 365 días del año, tiempo que en mayor parte son ignorados por quienes en estas fechas se adornan con brillos, burbujas de oro y amores encerrados en cartulinas.
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DIEZ IDEAS PARA DEFENDER NUESTRO SALARIO AMENAZADO POR LOS BUITRES DE LAS FESTIVIDADES: 2. No legitimemos las ideas, creencias e intereses de una clase dominante ni sus ritos ni su modo de vendérnoslos. 3. No nos dejemos extorsionar: los modos en que la burguesía celebra sus "fiestas navideñas" no tiene por qué ser imitada. No se es "débil", "feo", "perdedor", "pobre" o "tonto" si uno decide hacer con su dinero celebraciones sin ostentación. 4. Nada de lo que se anuncia debe ser comprado si no corresponde a necesidades concretas. Nada debe ser comprado bajo chantaje, vergüenza o imposición alguna. 5. No compremos llevados por la idea de ser envidiados por los demás. No permitir que manipulen nuestros deseos, instintos, antojos, afectos y cariños. Ningún juguete suplanta la relación personal, ningún objeto sustituye la solidaridad y el amor. Ni un solo euro debe propinarnos golpes bajos para obligarnos a gastarlo en fetiches. 6. No gastar en Navidad más allá de lo racionalmente indispensable, no nos hace pecadores, insignificantes ni estúpidos. No dejemos que nos acomplejen. 7. Es mentira que con regalos se fortalece el afecto o el amor de padres a hijos o de padres entre sí o entre parientes o amigos. El regalo se convierte en chantaje. No hace falta emborracharse ni embrutecerse para ser felices. Tampoco se es feliz por gastar mucho dinero. Todavía el amor es una asignatura pendiente y hay muchos momentos de felicidad que son gratis. 8. Los hombres no dejarán de ser hermanos porque no gasten su salario en participar en este festival de consumismo. Que por su parte, quienes nos presionan no son hermanos más que del dinero. 9. No convirtamos el fruto de nuestro trabajo en un botín abarrotado con artefactos, engañifas, tentaciones generalmente innecesarias, inútiles e inservibles. 10. Que no nos vendan cenas, viajes, bellezas artificiales, regalos por cuentas bancarias, relojes, juguetes, bebidas… la mercadotecnia dominante lo desarrolla todo para intervenir en la conciencia de aquellos a los que somete y emplea el discurso publicitario navideño esencialmente para satisfacer la ambición y ansiedad acumulada en "nichos de mercado". |
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2011-12-26 13:32:20 |217.125.59.xxx| Daniel - Cierto Pedro José
Somos los responsables por borregos y protagonistas de un desprecio al verdadero espíritu de la Navidad con nuestras vanidades y dependencias sociales, olvidando a los miles de hermanos que hacen colas en los comedores sociales. Más lentejas y menos lentejuelas. Ya no existe la cuesta de enero sino la cuesta del año y seguimos igual en las vanalidades que mencionas.
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La Navidad, el Nacimiento del Niño Dios, tiene un significado específico que, muy a menudo, olvidamos, perdidos en los oropeles y las vanalidades de la sociedad de consumo que nosotros mismos alimentamos con nuestros al parecer "obligados" aportes crematísticos.