1820.- Desde Las Cabezas de San Juan hacia la recuperación de la democracia
La libertad aclamada por Cádiz en 1812 inspiró mayor confianza en las clases populares, que muy pronto sufrirían las consecuencias del regreso del rey Fernando VII. El monarca, apoyado por los estamentos perjudicados por la recién nacida Constitución, la abolió rechazando toda idea de reforma y estableciendo un sistema absolutista que sólo favorecía a las minorías poderosas.
Las guerrillas populares instigaban al Gobierno, al que consideraban un nuevo invasor, heredero del francés. Por otro lado estaban la situación económica provocada por las guerras, la industria destruida, la moneda francesa que debilitó a la española, y América que con la independencia dejó de enviar las riquezas que tan mal acostumbrado tenía al Tesoro. Puede asegurarse que tanto la inquietud política como los movimientos de masas más importantes, incluso la revolución burguesa, tienen su origen en estas fechas y en Andalucía.
Tomemos como referencia las palabras de un importante historiador referidas a estos momentos: "en el mediodía de España, las poblaciones siempre se han distinguido por su amor a la libertad", y recordemos que las ideas liberales entraron por los puertos del Sur -Málaga y Cádiz-, desde donde se fragua e impulsa la revolución antiabsolutista.
En definitiva, los sucesos acaecidos en Andalucía en este año la convirtieron en la principal difusora de las ideas político-sociales que desde Inglaterra, Estados Unidos y la Francia revolucionaria llegaron para ser perfeccionadas por la sociedad hispánica. El día 1 de Enero de 1820, a las ocho de la mañana, el Batallón de Asturias, acantonado en Las Cabezas de San Juan -Sevilla-, al mando del comandante Rafael del Riego, proclamó la Constitución de 1812, abolida por el absolutista Fernando, como única vía para la consecución de las libertades democráticas.
Soldados,la patria
nos llama a la lid;
juremos por ella
vencer o morir.
Serenos, alegres,
valientes, osados,
cantemos, soldados,
el himno a la lid;... (del Himno de Riego)
La primera actuación fue sustituir el Ayuntamiento por otro acorde con la legalidad constitucional, y una vez organizada la plaza, entusiasmados y convencidos de su ideal, marcharon en dirección a Arcos, localidad designada para concentrar a los batallones adictos a la causa liberal. Así se incorporaron las fuerzas de Sevilla, Cádiz, El Puerto de Santa María, Jerez,... y toda Andalucía gritó con Riego su deseo de regirse por una Constitución moderna antes que por el absolutismo del rey, aunque ello costara al ejército sublevado múltiples bajas en las distintas expediciones que desde Algeciras, Málaga, Morón y Jaén acabarían con la derrota de Sierra Morena el 8 de Marzo. Pero la revolución estaba en marcha y a La Coruña, primera en secundar la acción andaluza, se sumaron El Ferrol, Vigo,... toda Galicia, Asturias, Zaragoza, Barcelona, Pamplona,...exigiéndose al rey que jurase la Constitución de Cádiz, a lo que accedió temeroso, dado su carácter acomodaticio ante el decreto conseguido por las Cortes el 7 de Marzo que así lo ordenaba.
A las potencias reaccionarias europeas -Austria, Rusia, Prusia y en especial Francia- no les cayó bien la nueva legalidad española y organizaron un potente ejército -"los cien mil hijos de San Luis"- que unido a los cuarenta mil hombres autotitulados "defensores del Altar y el Trono" y reunidos por la zona Norte, arremetieron contra los constitucionalistas, devolviendo a Fernando VII el poder "absolutamente absoluto".
El comandante Riego fue detenido en su huída desde Jaén a Sierra Morena en el pueblo de Arquillos, traicionado y entregado por el alcalde y el cura párroco. Fue ajusticiado en la Plaza de la Cebada de Madrid y posteriormente arrastrado en un serón. Como repulsa, una gran multitud se congregó en Sevilla y se dirigió al Tribunal de la Inquisición, que estaba en la Alameda de Hércules y se utilizaba como cárcel, destruyendo los instrumentos de tortura que allí encontraron.
Las fuerzas absolutistas, formadas por realistas españoles y franceses en su mayoría, fueron constituidas en Bayona y a su entrada por los Pirineos, aquella Santa Alianza fue recibida con los gritos de ¡viva el rey absoluto!, ¡viva la religión!, ¡viva la Inquisición!, actuando bajo la sombra de una religión de paz y misericordia, tratando de restaurar antiguas leyes a base de asesinatos, prisiones y horrores de todo tipo.
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Fernando VII, el poder absolutamente absoluto, monarca que abolió la Primera Constitución Democrática |
Rafael del Riego que con su pronunciamiento en Las Cabezas de San Juan se inicia el Trienio Liberal |
Cádiz sería la última ciudad andaluza en caer en poder de los reaccionarios, partidarios del rey absoluto. Ante la rendición de esta última plaza, las fuerzas constitucionales se entregaron, y Fernando, resentido y escuchando sólo los consejos de "un clero fanático y algunos individuos de corta capacidad que le rodeaban, dio el asqueroso Decreto de 3 de Octubre de 1823 que cortó brutalmente el nudo de la situación política del país, en vez de desatarlo con suavidad" (Marqués de Miraflores).
Ordenó:
"Que todas las cosas volvieran al ser y estado en que se encontraban antes del 7 de Marzo de 1820" (fecha en se vio obligado a jurar la Constitución de 1812).
La reacción venció militarmente pero no en espíritu, por lo que no tendría éxito en tierras andaluzas, al contrario que en Galicia, Casilla, La Mancha, Navarra o Cataluña, donde el partido realista conseguiría levantar facciones contra lo legalmente establecido: LA CONSTITUCIÓN. El absolutismo volvería a apoderarse del país, pero Andalucía, de talante libertario, volvería muchas veces a intentar oponerse al sistema. Muchos liberales habían emigrado a Francia, allí con el apoyo del nuevo gobierno francés constituyeron una Junta de Gobierno bajo la presidencia del General Mina, cuyas primeras incursiones por el Norte fueron un total fracaso en contraste con los éxitos en Andalucía, donde se contaba con mayores simpatías por la causa liberal.
El General Torrijos fue el primero en enfrentarse a los absolutistas; empezó con el desembarco de sus tropas el 28 de Febrero de 1831 en una playa cercana a Algeciras, pero ante las superiores fuerzas gubernamentales, el General se refugió en Gibraltar, donde fue desarmado.
Pero no bastó con su entrega, ya que el Gobierno usó toda clase de argucias para cortar, sin conseguirlo, la raíz de la insurrección. El Gobernador de Málaga, General González Moreno, contactó con Torrijos y le ofreció la guarnición militar malagueña para que continuase el levantamiento en Andalucía, por lo que, confiado el rebelde andaluz, partió desde Gibraltar acompañado por cincuenta y dos leales a la causa, desembarcando en Fuengirola. En las cercanías de Málaga, González Moreno le tendió una emboscada, a lo que los rebeldes responderían con tal valentía que obligó al gobernador a ofrecerles tratamiento generoso si deponían las armas, cosa que hicieron.
Torrijos y sus compañeros fueron engañados: en las playas de San Andrés -periferia de Málaga- fueron pasados por las armas, infame gesto que valió al General González Moreno el sobrenombre de "el verdugo de Málaga". De la traición a Torrijos queda el indiscutible testimonio del escrito enviado por la Subdelegación de Policía de Málaga al Secretario de Estado, fechado a 7 de Diciembre de 1831, en el que se leen entre otras descripciones:
"...la combinación simulada con el rebelde Torrijos para atraerlo a estas costas, marchaba yo a esperarle al punto de desembarco convenido..."
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| El fusilamiento de Torrijos, importante personaje defensor de los ideales liberales del Partido Progresista. Con entereza y valentía se niega a ser vendado por sus verdugos y encara la muerte abiertamente |
Otros intentos liberales estuvieron a cargo del General Manzanares, que con sus tropas partió de la costa gaditana adentrándose hasta Sierra Bermeja; de Estanislao Fernández, que levantó al pueblo de Los Barrios; también el 3 de Marzo en Cádiz, paisanos y gentes de tropa se alzaron y dieron muerte al gobernador y al subjefe de policía.
Fernando VII había dispuesto: "Son reos de lesa majestad y quedan condenados al patíbulo los que se declaren contra los derechos del rey o a favor de la Constitución". Se suprimieron las libertades, la Iglesia recuperaba sus privilegios y se restauraba el régimen señorial y represivo del primer periodo absolutista. Granada vuelve a vivir días aciagos. Se recrudece la lucha de los partidos liberal y absolutista. Las cárceles se hacinan de hombres perseguidos por sospecha o denuncia. Y tras juicios sumarísimos son conducidos al patíbulo.
En estas circunstancias se inicia la militancia de Mariana de Pineda que se va a desarrollar durante la llamada "década ominosa" (1823-1833). Mariana se incorpora a las tertulias donde se conspira, la principal en la casa de los Montijo, en su mismo barrio de Gracia; se convierte en enlace y recibe la correspondencia de los exiliados en Gibraltar, que llega con nombres falsos; gestiona falsificados pasaportes para gentes perseguidas; asiste a los presos en la cárcel, entre los que se encuentra un tío y un primo, Fernando Álvarez de Sotomayor, condenado a muerte, al que ayuda a evadirse de la prisión vestido de fraile capuchino, disfraz que ella le proporciona.
Desde un primer momento la policía no duda de la implicación de Mariana, pero a pesar de la vigilancia a que es sometida no logran inculparla. Empezaba a alborear la condena de Mariana, pues además de la sospecha por la huida de su primo, estaba procesada por unos documentos comprometedores, que descubrió la policía al efectuar un registro en su casa de la calle Águila. Vino a agravar la situación la denuncia de Romero Tejada, preso en Málaga, al relacionarla con los "anarquistas" de Gibraltar, término que servía para calificar a todo sospechoso de actividad política, como ocurría en el siglo XX con el de masón y comunista. Siguieron años de agitación, peligro, represión y estrecha vigilancia para la comprometida mujer, acosada amorosamente por el todopoderoso Ramón Pedrosa, enviado a Granada por el ministro de Justicia, para sofocar el turbulento ambiente político de la ciudad.
A principios de 1831, los acontecimientos políticos habían extremado su virulencia y la esperanza de los liberales, tras fracasadas y sucesivas sublevaciones contra la tiranía absolutista, comenzaron a desfallecer. Los frustrados intentos de alzamiento de los correligionarios de Mariana de Pineda la obligaron a interrumpir la confección de una bandera, que por orden suya bordaban dos hermanas del Albaicín, con los lemas Libertad, Igualdad y Ley.
A mediados de marzo, por una delación, Pedrosa conoce la existencia de una bandera para un proyectado alzamiento de los liberales granadinos. Pedrosa obliga a las bordadoras a llevar la bandera medio terminada a la casa de Mariana. Inmediatamente, se presenta la policía a efectuar un registro. Ante el desconcierto de Mariana, la bandera, escondida precipitadamente en el hueco de una hornilla, es descubierta por los agentes de Pedrosa.
El decreto de 1º de octubre de 1830 sirvió de base para la aplicación de la pena capital impuesta a Mariana de Pineda. La condena fue enviada a la Corte para su revisión. Fernando VII estimó la propuesta "justa y arreglada a la ley" y firmó su sentencia de muerte. El cumplimiento se llevaría a cabo en la forma ordinaria de garrote vil. Al conocer la sentencia Mariana dijo: "El recuerdo de mi suplicio hará más por nuestra causa que todas las banderas del mundo".
Ramón Pedrosa estaba autorizado por José Calomarde, ministro de Justicia, a indultar a la reo, a cambio de la delación de los nombres de sus correligionarios. Mariana tuvo para la propuesta enérgicas palabras de repulsa: "Nunca una palabra indiscreta escapará de mis labios para comprometer a nadie. Me sobra firmeza de ánimo para arrostrar el trance fatal. Prefiero sin vacilar una muerte gloriosa a cubrirme de oprobio delatando a persona viviente".
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La figura de Mariana de Pineda, con su muerte serenamente heroica, quedó en la memoria popular como símbolo revolucionario. Su vida fue efímera, como una primavera granadina |
El alto precio de víctimas andaluzas por la libertad constitucional y por las libertades democráticas, culminó con el encarcelamiento y ejecución en el patíbulo de la ilustre Mariana de Pineda, condenada por su colaboración con los liberales.
La muerte de Mariana de Pineda inspiró la obra que Federico García Lorca le dedicó. Estos retazos muestran la dimensión popular y el profundo sentimiento que su pérdida produjo.|
¡Oh! Qué día tan triste en Granada,
Marianita, sentada en su cuarto, Mariana: Contad mi triste historia a los niños que pasen. |
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2010-11-07 22:34:04 |80.59.29.xxx| Javier Herrero - Casi un día
Las 20 horas que duró la proclamación y apoyo de las provincias del norte, hasta el inicio de la rápida represión.
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2010-11-07 22:39:59 |80.59.29.xxx| Fernando Repiso - Se puede decir que sí
El grito de libertad fue secundado en pocas horas, las mismas que duró el concenso entre las provincias y comarcas. Hubo sus más y sus menos, pero la represión militar actuó con tanta rapidez que no les dió tiempo a organizarse. Lo mejor de todo fue la huella que dejó en el pueblo, el espíritu de libertad.
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2012-03-17 16:13:55 |2.117.178.xxx| fernando parias - investigacion
donde puedo encontrar datos sobre posibles oficiales del ejercito real condenados a muerte com o partidarios del general Riego ? busco especificamente al Teniente Coronel Francisco javier de Parias, pena conmutada por el destierro y la perdidade grado y bienes.
gracias, cordial saludo
Fernando Parias
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KIERO HACER UNA PREGUNTA POR QUE TENGO UNA CIERTA DUDA.
¿FUE CAPITAL DE ESPAÑA LAS CABEZAS DE SAN JUAN POR UN DIA?
DICEN QUE FUE CAPITAL DE ESPAÑA LAS CABEZAS DE SAN JUAN EL DIA QUE DIO EL GRITO DE LIBERTAD