Carlos Castilla del Pino, que la tierra te sea leve. Gracias.
A los 86 años de edad ha fallecido el pasado día 15, el prestigioso psiquiatra andaluz Carlos Castilla del Pino, dejando una huella humana imborrable, además de un historial profesional donde vino a atender a más de 100.000 pacientes. Un proceso cancerígeno ha sido la causa y hasta el último momento se sintió implicado con sus compromisos. Todo un ejemplo humano y profesional del “viejo cascarrabias”, como así los amigos más allegados le llamaban aunque reconocido como uno de los intelectuales españoles más lúcidos de la segunda mitad del siglo XX.
Nacido en San Roque (Cádiz) en 1922, Castilla del Pino, académico de la Lengua ocupando el sillón "Q", es autor de numerosos ensayos e investigaciones relacionados con la neuropsiquiatría, además de dos novelas -'Discurso de Onofre' (1977) y 'La alacena tapiada' (1991)- y ha intervenido en importantes congresos nacionales e internacionales de psiquiatría hasta fechas recientes.
Cursó en Madrid la carrera de Medicina, y sus comienzos estuvieron vinculados al doctor López-Ibor y los Departamentos de Neuropsiquiatría, en el Hospital Provincial de Madrid, y de Neuropatología, en el Instituto Cajal.
De López Ibor llegó a decir: “Hay una persona determinante para mal en mi vida que es Juan José López Ibor. Fue maestro mío, y aunque no tenía vocación de maestro, ocupó un puesto importante, en el que entre él y Vallejo Nájera era preferible él. El menos malo de ambos era López Ibor, un hombre culto, que leía. Pero desgraciadamente me traicionó de la manera más vil, tanto más cuanto que para él yo era su discípulo predilecto y no se cansó de decirlo incluso después de que rompiésemos las relaciones. Yo iba para la Cátedra y él se pasó al Opus y... en fin... , está contado en uno de mis libros con todo detalle, porque fue un hecho para mí decisivo. ... Y que conste que aprovechar mis memorias para ajustar cuentas sería inmoral”
Sin embargo, fue en Córdoba donde desarrolló la mayor parte de su carrera. Y en Castro del Río donde fijó su residencia y entorno fraternal y afectivo. Desde 1949 y hasta su jubilación, en 1987, fue jefe de los Servicios Provinciales de Psiquiatría e Higiene Mental de esa ciudad y por sus consultas han pasado más de cien mil pacientes.
Durante la dictadura franquista fue conocido como el "psiquiatra rojo", por haber sido el adalid de un movimiento clínico e intelectual que luchó por humanizar el tratamiento de los enfermos mentales. Militó en el PCE hasta 1980 y en 1993 fue uno de los firmantes de un manifiesto en favor de Felipe González. Precisamente por esa actitud antifascista no pudo obtener en 1960 la cátedra de Psiquiatría y tuvo que esperar hasta 1983 para que le concedieran la cátedra extraordinaria de Psiquiatría y Dinámica Social en la Facultad de Medicina de Córdoba.
Castilla del Pino es autor de numerosos ensayos, entre ellos "Un estudio sobre la depresión. Fundamentos de Antropología dialéctica", 'Dialéctica de la persona, dialéctica de la situación', 'La alienación de la mujer', 'La culpa', 'Sexualidad y represión', 'Introducción al masoquismo', 'Teoría de la alucinación' y 'El delirio, un error necesario', galardonado con el Premio Internacional de Ensayo Jovellanos, 1998.
Cuatro veces candidato al Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales (1988, 1989, 1990 y 1991) y doctor "honoris causa" por varias Universidades españolas y extranjeras, ha sido distinguido con los Premios Comillas de Biografía, Autobiografía y Memorias (1996) por "Pretérito imperfecto"; el Internacional de Ensayo Jovellanos (1998) por "El delirio, un error necesario"; el María Zambrano de Cultura (2000); y la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid (2002).
Dedicatorias y mensajes recogidos del sentir ciudadano:
El aula magna de la Facultad de Medicina de Córdoba siempre repleta de estudiantes para escuchar sus lecciones. Desde Castro del Río, pueblo donde residía, se le guarda un emocionado recuerdo por su intensísima labor cultural. Se nos ha ido un gran hombre, de esos que siempre faltan y que hacen que un pais avance. La situación que tiene hoy la psiquiatría española, más bien la ATENCIÓN del enfermo mental fuera de la consulta, sería otra si el franquismo no hubiese obstaculizado su carrera. Una gran pérdida en la ciencia y en las letras. Su autobiografía "Pretérito imperfecto" de lo mejor que se ha escrito en este género. Carlos Castilla del Pino representa la inteligencia precisa, medidor de las palabras, buscador de conceptos y de explicaciones racionales en un mundo de la psiquiatría casi irracional. Se pierde un hombre de gran valía intelectual y personal. Nos deja un sanroqueño excepcional. Hace falta mucha más gente como él, sobre todo por aquí. Supo comprender como nadie al enfermo psíquico y humanizó la Psiquiatría. Su mente estaba fresca y joven y no se notaban sus padecimientos físicos. Nos queda el fruto de sus largos años de trabajo, su ejemplo ético y el recuerdo de una mirada noble, transparente, única, inolvidable. Es un referente Nacional y un andaluz de bandera. Un saroqueño universal. ...
Una vez dijo “El día que deje de interesarme la vida, los libros, los cuadros, la música,... sabré que voy a morir”. Creemos que lo sabía pero no dejó de interesarle nada de lo que dijo.
Y nosostros, toda Andalucía, te echaremos de menos como hoy ya sentimos el hueco que has dejado, menos mal que en vida se te reconoció tu condición de hijo predilecto de Andalucía, que desde donde estés recordarás cuantos tienen que esperar su muerte para hacerlos buenos.
Gracias Carlos, por tus lecciones humanas y las infelicidades que has evitado.
Que la tierra te sea leve.
18 de Junio del 2013
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